20/04/11

Aseguran que de otro modo les será difícil incrementar el sueldo suficientemente a sus directivos

“La gente no hace más que quejarse de que no llega a fin de mes sin darse cuenta que nuestros directivos de Repsol tienen muchos más gastos que ellos ya que vivir en mansiones, tener chalets repartidos por el mundo y mantener yates y jets privados, les obliga, incluso, a ir a las juntas directivas de vez en cuando como chusma miserable de esa que trabaja. Además, se ven obligados a abonarse a clubs deportivos de alto standing y comer en restaurantes con platos de vanguardia, con lo que les gustaría comerse un bocata de panceta en una piscina municipal; pero, claro llevan la lacra del rico y han de vivir con ello como mártires que son”. Así se ha expresado Adolfo Rado, responsable de comunicación de Repsol que ha pedido abiertamente a sus clientes que dejen propina para que los directivos de la multinacional puedan multiplicar sus ganancias notablemente. Ha añadido: “pueden dejar una propina casi simbólica, no sé, 120 Euros en cada repostaje. De hecho, por pura humildad, esa cifra que pedimos es mucho menor de la propina que dejan nuestros directivos cuando van a un restaurante con estrellas Michelín”.

El responsable de Repsol ha resaltado que sus directivos, no se sabe el por qué, están muy mal vistos pero que como forrados que se encuentran, pertenecen a un colectivo minoritario y merecen ayudas como se les da a otras minorías. Ha terminado pidiendo que en cuenta de preocuparse todos tanto de su propia economía y, algunos, incluso, del bienestar de los más desfavorecidos, llega la hora de mirar por los que tienen mucho porque pueden asegurar, sin atisbo de equivocación, que todo el dinero que poseen no les da la felicidad y, por ello, necesitan más.

También ha recordado que si sube la gasolina y el gasoil es simplemente por el incremento del barril de petróleo. No hemos podido evitar preguntarle por qué no bajan los combustibles en el mismo porcentaje cuando el petróleo se abarata, a lo que nos ha señalado a una docena de señores muy limpios y peinados, con traje, gafas de sol, un pinganillo en el oído y la mano introducida por debajo de la americana, lo cual nos ha convencido de que será, seguro, por cualquier tipo de razón de lo más honesta.